El Origen del Nuevo Reino de Granada




*El presente artículo no intenta ser un artículo académico, sino una exposición sobre los orígenes del Nuevo Reino de Granada bajo la concepción tradicional de reino, o sea, bajo la concepción carlista del término. Invitamos al lector a profundizar tanto con bibliografía especializada, como con fuente primaria.

A priori, se puede decir que el nacimiento de este Reino se encuentra en la conquista de la Confederación Muisca, en 1538, aunque la autonomía (más bien autarquía) se da con la creación de la Real Audiencia de Santafé, que sería el órgano de gobierno hasta la Secesión. Así pues, en 1548 nació una tradición política propia representante del poder regio, aunque se suele ignorar esto, en parte por el desconocimiento del derecho indiano y castellano.

Si bien los reinos de Indias no contaron con cortes como los reinos de la Península, las reales audiencias marcaron los límites de estos dominios. Por ello, el término colonia como se entiende hoy es incorrecto para denominar a las Indias, pues estos órganos no era manejados desde la Corte Real sino en sus respectivas capitales y eran autónomos entre sí, dependiendo solo del Consejo de Indias (pretoriales) o de un virrey (subordinadas) según su grado de importancia. La de Santafé, era pretorial.

Erróneamente se habla del Virreinato de la Nueva Granada como si este hubiese existido desde la conquista, muchas veces por quiénes evitan el término de colonia, creando una visión equívoca del periodo. Por consiguiente, la idea de que todo el territorio pertenecía a la Colombia parece emular cierto irredentismo, rebajando a los demás territorios a simples provincias subordinas, a pesar de que Santafé se veía ofuscada por Quito, o incluso la misma Cartagena.

Este virreinato nace en 1717, fruto de las Reformas Borbónicas en un intento de ordenar para controlar, no obstante le supuso muchas dificultades a la Corona, siendo abolido y vuelto a crear en 1739. Sin ahondar en las dificultades que supuso la creación de este virreinato, ha de decirse que esto no supuso la desaparición de la Real Audiencia, al contrario, los virreyes pasaron a ser presidentes de ella.

La creación del virreinato supuso que el virrey tuviera también jurisdicción sobre las Audiencias de Quito y de Panamá, también sobre la Gobernación de Venezuela. Con las reformas de Don Carlos III, el virrey deja de ser el presidente de la Audiencia y el cargo recae en el regente; no por ello el virrey perdió poder, este conservó su jurisdicción sobre las tres audiencias del virreinato (la de Caracas se crea después de ser segregada del virreinato).

Ahora bien, antes de ser creado el virreinato, Panamá, Caracas y Quito no pertenecían al Nuevo Reino de Granada; y existía una fuerte división en este reino: un interior con fuertes lazos con el Virreinato del Perú, con una fuerte influencia indígena y el mar Caribe con sede en Cartagena. Esta división geopolítica marca a este reino profundamente, mucho más que las divisiones raciales y sociales.


No es la intención del artículo profundizar en el derecho y las instituciones, por ello a modo de relato, se presenta una pequeña síntesis de la historia de este reino, que difiere de los peninsulares, los cuales rastrean su origen en el antiguo reino visigodo (y al de los suevos), así como a Don Pelayo. En la otrora Hispania Romana, sus muchos reinos surgieron por la Reconquista, por la defensa de la Fe Católica; en las Indias, sus reinos surgieron para la conversión de los naturales a la Fe Verdadera: muchos pueblos unidos por el bautismo.

Sin embargo, desde el siglo XIX han venido surgiendo corrientes historiográficas de menor seriedad que buscan orígenes míticos y milenarios hasta a las pequeñas poblaciones. Por ello, no es de extrañar que muchas personas crean que si dos pueblos ocuparon un mismo espacio geográfico sean el mismo pueblo, ejemplo de esto son los andaluces que se consideran tartessos.

El caso neogranadino es similar, el indigenismo es cada vez más popular, pero a diferencia del Perú, ninguna de las civilizaciones precolombinas logró dominar todo el territorio de la actual República de Colombia. Esta realidad marcó un hecho clave para entender el Nuevo Reino de Granada, y es el de un país de regiones.

Tradicionalmente se enseña en las escuelas, que Colombia (instamos a evitar este nombre) tiene cinco o seis regiones, las cuales son Caribe, Pacífico, Andina, Orinoquía, Amazonía e Insular, aunque esta última suele ser omitida e incluida como parte de la región Caribe. Lejos de ser una arbitrariedad, esta división tiene sus bases históricas y geográficas que ayudan a comprender la falta de cohesión nacional.

La primera fundación en la Tierra Firme fue la villa de San Sebastián de Urabá por Alonso de Ojeda, cerca de lo que hoy es el municipio de Necoclí, Antioquia. Esta efímera villa fue abandonada por los constantes ataques de los indígenas y sus supervivientes de trasladaron al margen occidental del río Atrato, donde se fundaría Santa María la Antigua del Darién. Esta población tampoco duró mucho y finalmente su población terminó por trasladarse a la ciudad de Panamá.

Este fue el nacimiento de la gobernación de Castilla del Oro de la Tierra Firme y su territorio abarcaba desde el Cabo Gracias a Dios hasta la península de la Guajira. Con el traslado de la capital a Panamá y la fundación de la ciudad de Santa Marta el territorio comenzó su división. Finalmente y tras cambios de toponimia la Tierra Firme terminó dividida en Panamá, Cartagena, Santa Marta y Venezuela.


Estas provincias/gobernaciones pertenecían a la Real Audiencia de Santo Domingo; Panamá lo hizo hasta 1538, año en que se creó su propia audiencia; Cartagena y Santa Marta lo hicieron hasta 1548, año en la que pasaron a formar parte de la recién creada Audiencia de Santafé (actual Bogotá); y Venezuela lo haría hasta 1717, cuando pasa a formar parte del recién establecido Virreinato del Nuevo Reino de Granada, reconfirmando en 1739 con la segunda creación de este virreinato para que en 1742 deje de depender de éste.

Las provincias de Cartagena y Santa Marta constituyen actualmente la región Caribe, y si bien el centro de poder pasó de Santo Domingo a Santafé, las distancias con esta ciudad les permitieron conservar relativa autonomía. Del mismo modo, estuvieron en constante contacto con el Caribe y la Península, estando más influenciados por estas que por el interior.

Es importante destacar que en esta región la esclavitud jugó un papel clave, siendo Cartagena uno de los principales puertos esclavistas, y con el tiempo la población negra (esclava y liberta) crecería significativamente; por su parte en Santa Marta los constantes conflictos con los indios le impidieron un gran desarrollo, y terminó por convertirse en un puerto de contrabandistas.


Otra región donde la esclavitud jugó un papel importante es la del Pacífico, donde los hacendados de Popayán usaron la mano de obra esclava en sus ingenios y en las minas del Chocó. En esta región la población negra terminó por superar a la blanca y la india, especialmente en el Chocó donde la población blanca era y sigue siendo ínfima. Sin embargo, esta región es particular por sus relaciones con Quito.

Cali, Popayán y Quito tienen un mismo fundador, Sebastián de Benalcázar, y hasta la formación de las Audiencias de Santafé y Quito estas ciudades dependieron del virreinato del Perú. Aun así, las distancias con Santafé llevaron a que su relación fuese más fuerte con Quito y a unos límites territoriales difusos, tanto de iure como de facto.


Tardó más la conquista de los Andes, donde se encontraba la Confederación Muisca, que poseía un alto grado de cohesión social, facilitando su integración a la Monarquía Católica. No obstante, tras la conquista de los muiscas Gonzalo Jiménez de Quesada no fundó la ciudad de Santafé (una fundación implica la formación de un cabildo y no levantar edificaciones) y no fue hasta que Benalcázar y Nicolás de Federman llegan al sitio y realizan la fundación, y tras disputas por la jurisdicción, se termina por crear la Audiencia de Santafé.

En sentido estricto, el Nuevo Reino de Granda era solo el Altiplano Cundiboyacense, pero terminó por extenderse nominalmente a todo el territorio de la Real Audiencia de Santafé, como consta en la documentación de la época. Que habría de expandirse a la Orinoquía, donde fue relevante la presencia de los jesuitas, así como las consecuencias de su expulsión; la conquista de la Amazonía fue más complicada, pues gran parte de esta permaneció inexplorada y sus límites eran difusos, y no sería hasta el siglo XX que terminaría por definirse.

La región insular tiene una historia particular, pues fue colonizada por los ingleses hasta su expulsión a finales del siglo XVIII, quedando solo la población esclava que desarrolló un idioma criollo (como también lo hicieron en San Basilio del Palenque los esclavos fugados de Cartagena) y se autodenominan raizales. Su cohesión fue tardía, fruto de los misioneros capuchinos de la república para convertir a los raizales al catolicismo.


Un patrón que se encuentra en todas las regiones es el religioso, no menos importante por ser mencionado en última instancia. De hecho, el llamado Imperio Español era la Monarquía Católica, teniendo reyes católicos en lugar de emperadores. Los conquistadores al llegar a un territorio lo bautizaban, dejando de lado sus pueblos de origen para pertenecer a la tierra que recién habían conquistado, generando sensibilidades con los nativos y los esclavos distintas a las de otros lugares.

Siendo la historia la ciencia de las preguntas universales y las respuestas locales, como decía Giovanni Levi, se entiende la necesidad de regionalizar nuestra historia, como de un elemento de cohesión, la cristiandad. Al contrario de lo que se cree, la Conquista no fue el suceso inmediato posterior al Descubrimiento, sino un proceso que nunca terminó, aún en el s. XVIII se pactaba y/o pacificaba a los indios, mas nunca se olvidó la cuestión de llevar el Evangelio (como sí lo haría la republiqueta).

Otro mito que alimenta la leyenda negra es el de una Corona despótica que buscaba oprimir a los nativos. Sin buscar los argumentos de la leyenda rosa, que basan más en esas leyes universales y no en los casos locales; las pacificaciones y pactos eran impulsados por los criollos y mestizos, los cuales veían más conveniente pactar que desgastarse en la lucha. De igual modo, eran los cabildos y vecinos quienes buscaban cristianizar a los indios (y antes a los negros), pues era Dios el centro del orden social.


Otro hecho de gran importancia que será ahondado en otro artículo es el del mestizaje y la pardocracia, los cuales rompen con el esquema de la leyenda negra y con los paganizantes fascismos de supremacía blanca, que por desgracia se presentan como adalides de la civilización y que hoy en día consiguen adeptos incluso entre los nuestros, siendo un lastre para establecer el orden social cristiano.

En conclusión, la historia de cada región puede ser contada por separado, siendo este hecho una de las mayores riquezas de este reino. Este modelo de regiones no debe suponer un soporte a los nacionalismos, ni tampoco una excusa para un estado unitario. La vía carlista, que recuerda al pactismo de los Austrias es una opción más acorde con el derecho natural: que si bien el centro de poder de este reino sea Santafé (de Bogotá), las gentes de las regiones puedan tener fueros y autarquía, siendo la cohesión la defensa del altar y el trono.



Lecturas Recomendadas:
Germán Colmenares, Historia económica y social de Colombia.
Hermes Tovar Pinzón, Relaciones y visitas a los Andes.
Hermes Tovar Pinzón, No hay caciques ni señores.
Marta Herrera Ángel, Ordenar para controlar.
John Phelan, El pueblo y el rey.
Recomendamos las fuentes primarias que se pueden encontrar gratuitamente y vía internet en el Archivo General de la Nación (AGN), y el Archivo de Indias, búsquese PARES.




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